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El intruso

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Accésit 2019 X Concurso de Relatos breves "Guadalupe González Fernández" de la Consejería de Hacienda, Industria y Energía (Junta de Andalucía) Le ilusionaba aquella sonrisa , sería capaz de dibujarla con los ojos cerrados, de explicar cada detalle, de intentar imitarla, aunque seguramente eso no lo conseguiría, e incluso sería capaz de besarla.  – ¿Se puede besar una sonrisa? –dijo Raúl con un hilo de voz casi imperceptible. –Sí –dijo Marta, mientras se colocaba en la cabeza el pañuelo con motivos piratas que acababa de llegar por mensajería urgente desde China.  A Marta siempre le ha gustado comprar cosas por Internet. Habían pasado solo seis meses desde que decidieron compartir piso, pero se conocían desde pequeños. Las cajas de libros todavía seguían cogiendo polvo y variopinta pelusa por el suelo, amontonadas por los rincones del comedor a la espera de comprar la dichosa librería. La ropa de invierno tirada en la cama de invitados, unas veces tení...

La lata metálica de galletas

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La niña que me miraba desde la fotografía con cara sonriente y gesto afable, era yo. Habían pasado 58 años desde que me hice ese retrato y creo que a lo largo de mi vida no me he hecho muchos más, bueno los reglamentariamente obligatorios para ir renovando los documentos oficiales. Dicen que todos llevamos el niño que fuimos dentro, que lo acarreamos para el resto de nuestros días y que tenemos que estar en paz con él para poder crecer a gusto. Yo creo que mi niña se había ido hacía tiempo, quizás me abandonó o la perdí por el camino sin darme cuenta o se desvaneció porque ya no quería estar conmigo o puede que cuando emigré no quiso acompañarme porque el destino tenía para ella reservada una vida venturosa. No he sido feliz lo confieso. Fui hija única. No me casé. No tuve hijos. Cuidé a mis padres hasta el día de su muerte y yo también transité hacia el mundo de los muertos un poquito junto a ellos. He portado un peso demasiado molesto y fastidioso, hoy me duelen los huesos y ha...

Mentiras

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  Se lo dije con flores. Surtió efecto o eso me pareció a mí al principio. No, no era así. Unas flores pueden resultar conmovedoras para la persona que las recibe porque quizás los efluvios que emanan te atontan de tal manera que eres incapaz de poner otra cara que no sea la de un perfecto idiota. Eso hizo ella, eso me sucedió a mí. Corrí hacia ella con mi ramo de margaritas en la mano, lo deposité en las suyas, sonrió, apretó el ramillete contra su pecho y acto seguido soltó una ráfaga de improperios que ahora no puedo reproducir por miedo a que penséis que cómo pude aguantar semejante vapuleo sin decir una palabra. Y es que ella lo había dicho todo, y es que yo sabía que tenía razón, y es que ella estaba cansada de mis mentiras, y es que yo sabía que había dejado de quererla.  Texto presentado al concurso literario " Las flores de tu vida " podéis leerlo en su Web, este es el enlace:   "Mentiras"

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Sonó el teléfono móvil, lo cogió por inercia, sin mirar quién podría ser, una voz familiar dijo su nombre e inmediatamente el aparato cayó al suelo, un transeúnte que pasaba lo pisó, otro se quedó mirando con cara de asombro, pero no dijo nada, y si lo dijo no pudo oírse, pues se llevó la mano a la boca en señal de profundo dolor, Raúl, no el nombre que acababa de sonar al otro lado del hilo telefónico, sino la persona en sí, la dueña del nombre, la dueña del teléfono, la persona destinataria de aquella llamada, no pudo contener las lágrimas al ver la máquina hecha mil pedazos desparramada por el adoquinado (ya sabemos cómo es capaz de esparcirse un cristal que ha perdido su condición de compacta, que sí, que sigue siendo un sólido pero en fragmentos mucho más pequeños que ya no sirven para nada), eso no podía pasarle a él, pero sí, era su teléfono el que había caído de su mano cual catarata que es difícil de atrapar y, yacía, fragmentado, reventado, imposible de volver a ser recompu...

Negro

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  PRIMER PREMIO I Certamen Taller de Escritura Ateneo de Valencina “Concurso de Relatos Cortos” Noviembre 2013 Llovía. Siempre llueve por esas fechas. Precisamente ese dos de noviembre amaneció gris y oscuro, sin un rayo de sol que lo acompañara, sin una nube juguetona que simulara ser un oso, casa o pantera. Amaneció el día oscuro y gris, yo ya lo veía venir. No es que sea supersticioso, es que los días nebulosos y plomizos me dejan el alma helada. Sabía que mi hermana llegaría dos horas antes. Comprendía que no era fácil para ninguno de los dos aquella situación, pero era inevitable nuestra presencia. Mamá había dejado escrito en nuestras mentes que el día de su entierro lleváramos luto riguroso. Siempre fue igual con los colores o mejor dicho con la ausencia de ellos. Nunca la vi vestida con flores alegres o rayas multicolor, tampoco con tonos azulados ni siquiera violetas, sólo el luminoso verde de sus ojos embellecía a veces su escuálido cuerpo y...

Tú, yo y la poca felicidad que nos queda

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PRIMER PREMIO IV CERTAMEN DE NARRATIVA PARA MUJERES  VILLAMANRIQUE DE LA CONDESA (SEVILLA)  Febrero 1998  ¿Por qué se nos caerán los trastos, sobre todo cuando más prisa tenemos o menos ganas para recogerlos? Lo mismo me acontece en estos instantes, mis ilusiones están propagadas por el terreno donde piso y ya no tengo energías suficientes para agacharme y agruparlas.  Se me acaba de abrir un boquete en el centro justo del pecho. ¡Cuándo algo se rompe que difícil resulta componerlo! Puede ser igual que con aquel jarrón que hice añicos la semana pasada y, que me empeñé, inútilmente, en salvarlo del fondo del contenedor de desperdicios.  Sí, porque hoy se me ha hecho trizas tu amor. Así que aprovecho para decirte adiós, espero que pueda ser para siempre. Quiero decírtelo de un modo apropiado, aunque despedirse de quién se ha amado nunca sea conveniente o nunca sepas como hacerlo. Esta vez me erigiré en un témpano de hielo, te pido un...