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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos

Original y copia

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Recorro su cabecita con mis membranosas manos y escenifico ante sus ojos un baile sensual. Es carnaval, los disfraces de dragones abundan este año. Ella, joven, menuda, copia mi contoneo. Me acerco a escasos centímetros de su oído y en un sutil susurro asevero:   —¡Me fascina tu disfraz de dragona!  Inmediatamente doy un paso atrás, sonrío a la par que escupo fuego por la boca, no es maldad, es solo que me divierte escuchar sus gritos y ver esa cara de horror que se les queda. Imagen: <a href='https://www.freepik.es/vectores/dragon-chino'>Vector de dragon chino creado por freepik - www.freepik.es</a>

Lola en los acantilados de Moher

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Lola escribía velozmente a máquina. Lo hacía con solo cuatro de sus diez estilizados dedos. Seguía haciéndolo en una máquina de escribir manual, concretamente en una reluciente e inmaculada Valentine Olivetti , color rojo intenso, del año 69, porque decía que los ordenadores estaban endemoniados y le robaban las ideas y hasta las palabras.   Olivetti Valentine Lola rondaba los sesenta y tantos años, aunque nunca confesó su edad verdadera, ni siquiera a Eulalia, su mejor amiga y compañera de juergas diurnas y nocturnas, excursiones, charlas y partidas de cartas. Lola fumaba tabaco de liar marca Peterson Iris Dew aunque tenía miedo al cáncer este nunca la matará. Lola adoraba el ron, la playa, la música y escribir a máquina como ya hemos comentado. A veces lo mezclaba todo y la combinación le salía perfecta, su mundo era sublime. Las historias que contaba en el periódico local en el que publicaba semanalmente su columna titulada “ Mi ciudad, su entorno, todo un misterio ” conmoví...

Un viaje más largo

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Me gusta ver a la paloma descansando tranquilamente en un pequeño hueco que ha ideado como hogar en el tejado de la casa de enfrente. Eso quiere decir que no se avecina un terremoto, porque seguramente saldría huyendo para buscar la seguridad del cielo abierto. Es raro pensar en esto cuando el mundo está golpeado por una pandemia, que por ahora parece imposible de solucionar, pero mi mente ya ha vagado por muchos mundos insospechados, así que por qué no iba a surcar este también. Donde vivo no suelen producirse seísmos, por lo menos los que recuerdo era yo tan pequeña que ha tenido que ser una idea forjada en mi cabeza a base de comentarios ajenos. La memoria infantil es tan etérea que no, no es un recuerdo certero, me lo han metido en la sesera a base de relatos de tardes de domingo de batallas vetustas sentada al calor de la chimenea. Ya rozo una edad cercana a la jubilación y ahora una pandemia esto sí que ninguno de nosotros creía que iba a vivir, otros por desgracia la van a re...

El dislate

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Quizás sea mejor no llevarles la contraria, han venido todos, veo a los niños corretear entre las sillas, me han traído flores, visten sus mejores galas, hacía años que no nos hablábamos, es lindo verlos aquí, los adultos charlan a gritos como es costumbre en mi familia, alguno ríe, nadie llora, lo malo, por poner una pega absurda es que han abierto una fosa en la tierra, oigo decir que para mi entierro, me llevan en volandas hacia ella, es profunda y oscura, y yo, todavía incapaz de mover un músculo, me abandono ¡es lo que tiene ser cataléptica!  

Tomy y Kim, un verano en casa

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El ratón quedó atrapado en el balcón de la casa, por suerte mi hermano y yo conseguimos saltar en el último momento hasta el saliente que había entre la terraza y el murete desde el que se elevaba la ventana de la buhardilla, fue justo antes de que la persiana del salón cayera completamente al suelo y se oyera girar la llave en la cerradura de la galería con dos vueltas completas.  Escalando, llegamos al tejado. Desde esa posición, quietos, vimos como Luc y Emma metían en el coche maletas, sombrillas, un par de cajas de cartón y una nevera portátil de color rojo. Lo dispusieron cuidadosamente ordenado entre el maletero y los asientos de detrás del BMW gris metalizado recién adquirido y recién lavado para salir de viaje. Cuando lo tenían todo listo Emma nos llamó, parecía desesperada al no encontrarnos: — Tomy , Kim , — dijo — , pero ninguno de los dos desde nuestra atalaya hicimos el más mínimo caso. Cloe , el bulldog francés, babeaba nervioso sin saber si montarse en...

La cazuela de cordero

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No seas impaciente, come despacio, te he cortado los trozos muy pequeños pero si engulles así te sentará mal la cazuela de cordero. Gritaba mi madre desde el fondo de la mesa. Sin embargo yo quería correr, salir a patear la vida con mis amigos, como todos los domingos ¡Quizás ese día me precipité! Porque si llego a saber que esa bomba de la guerra civil todavía duerme bajo los escombros de la estación, seguiría comiendo, paladeando el dulce borrego que mamá prepara cada domingo con esmero, ¡sabes, a través de la sonda nasogástrica el gustillo no es igual!

El intruso

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Accésit 2019 X Concurso de Relatos breves "Guadalupe González Fernández" de la Consejería de Hacienda, Industria y Energía (Junta de Andalucía) Le ilusionaba aquella sonrisa , sería capaz de dibujarla con los ojos cerrados, de explicar cada detalle, de intentar imitarla, aunque seguramente eso no lo conseguiría, e incluso sería capaz de besarla.  – ¿Se puede besar una sonrisa? –dijo Raúl con un hilo de voz casi imperceptible. –Sí –dijo Marta, mientras se colocaba en la cabeza el pañuelo con motivos piratas que acababa de llegar por mensajería urgente desde China.  A Marta siempre le ha gustado comprar cosas por Internet. Habían pasado solo seis meses desde que decidieron compartir piso, pero se conocían desde pequeños. Las cajas de libros todavía seguían cogiendo polvo y variopinta pelusa por el suelo, amontonadas por los rincones del comedor a la espera de comprar la dichosa librería. La ropa de invierno tirada en la cama de invitados, unas veces tení...

Si el amor es ésto

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... floto en una nube que me transporta sin descanso hacia su corazón cálido... A MLD La prolongación de mi vida Tenía la triste sensación de que la vida se me acababa como una golosina a un pequeño que juega en el parque y llora al terminar su manjar preferido. Vivía de la renta que mi pasado me había dejado en herencia con envoltorio de soledad y abandono. Pisaba fuerte por la senda que se me presentaba al paso, pero no tenía sensación de estar dejando ninguna huella, ninguna señal, ninguna marca que recordara mi estancia en este mundo miserable. Un día de pronto todo cambió. Fue porque ella entró en mi vida, así, sin más, de lleno, de improviso, sin pedir permiso pero por la puerta delantera de mi desolado corazón. Su cuerpo puede que no fuera perfecto, aunque a mí me gustaba, he de decirlo. Su escasa estatura parecía no rellenar el espacio que habitaba, pero era sólo eso, apariencia, porque en el momento que su totalidad de centímetros tomaban movimientos compasados,...

Cristales rotos

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La nueva enfermera me trajo la medicación diaria. Me asusté al ver sus ojos. Su mirada se clavó en mis pupilas y ya no puede apartar la vista de ella. Sí, incomprensiblemente fue su mirada penetrante la que me trajo los recuerdos de aquellos días. Porque era tan distinta a la suya, quizás por eso o tal vez porque esa fue siempre la mirada que yo esperaba encontrar, una mirada ingenua, divertida, perspicaz, sin gota de melancolía, nada amarga y sin heridas o porque daba igual que existiera o no otra mirada. No lo sé, ahora no lo sé, estoy demasiado confuso. De lo que sí estoy seguro es que no pasará un segundo de mi vida sin tenerla en mi mente. Hace ya diez años de todo, pero ahora mismo para mí es como si hubiesen pasado tan sólo diez minutos. El caso es que al contemplar su vivaz mirada me ha dado un vuelco el corazón, no me había pasado nunca, el tamiz por el que he filtrado nuestra historia ya no sirve de nada y la película de nuestra corta vida juntos comienza a pasar en blanco y...

Kristina

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.. . mi mente no está en otro sitio que no sea ella... Llegó el gran día, carreras de última hora, la maleta que no cierra y mi mente lejos de mí, imaginando un rostro aún no conocido que pronto se convertirá en mi despertar diario. Es cierto que no era la primera vez que lo hacía, ya había bosquejado su rostro en mi mente miles de veces desde el instante en que recibí ese discreto y escueto correo electrónico una tarde sofocante del mes de julio. No adjuntaba ninguna fotografía , para el remitente seguramente no era un elemento importante a acompañar, tan sólo puntualizaba algunos datos a tener en cuenta antes de formalizar definitivamente el papeleo, su sexo, su edad y poco más, menudencias administrativas que no dejaban de ser esenciales para que el proceso llegara a buen término, pero a fin de cuentas naderías para una recién estrenada madre que lo único que demandaba a esas alturas era una simple imagen para poder poner fin a la noria que se había instalado en su cabeza....