Tú, yo y la poca felicidad que nos queda
PRIMER PREMIO
IV CERTAMEN DE NARRATIVA PARA MUJERES
VILLAMANRIQUE DE LA CONDESA (SEVILLA)
Febrero 1998
¿Por qué se nos caerán los trastos, sobre todo cuando más prisa tenemos o menos ganas para recogerlos?
Lo mismo me acontece en estos instantes, mis ilusiones están propagadas por el terreno donde piso y ya no tengo energías suficientes para agacharme y agruparlas.
Se me acaba de abrir un boquete en el centro justo del pecho. ¡Cuándo algo se rompe que difícil resulta componerlo! Puede ser igual que con aquel jarrón que hice añicos la semana pasada y, que me empeñé, inútilmente, en salvarlo del fondo del contenedor de desperdicios.
Sí, porque hoy se me ha hecho trizas tu amor. Así que aprovecho para decirte adiós, espero que pueda ser para siempre. Quiero decírtelo de un modo apropiado, aunque despedirse de quién se ha amado nunca sea conveniente o nunca sepas como hacerlo.
Esta vez me erigiré en un témpano de hielo, te pido un favor que no lo quemes como todo lo mío que has tocado pues sé, que me costará trabajo dar este gran salto. (Tengo vértigo ¿te acuerdas?).

Total, que tienes en tu balanza muchas cosas, unas pesan más que otras. Verás, te cuento.
En el platillo de la izquierda puse todo lo malo, aquellas cosas que me hacías que no llegaba a entender bien por qué me ocurrían a mí, por qué provenían de ti, por qué me hacían daño, me afligían, me pesaban, me atormentaban; me hacían sentir mal en definitiva. Aunque también, es cierto, que las acaté de buen agrado, pues creía que tenías el derecho a despedazar mi integridad. En esa parte de la balanza puse todas tus mentiras, todos tus engaños, tus infidelidades, tus menosprecios, tus palabras malsonantes, tu desgana hacia conmigo, tus incursiones en el mundo sin mí, la facilidad con la que me hacías llorar, la habilidad con la que te arrancabas de mí y mira que no te tenía sujeto con cadenas, pero tú querías dar la impresión que te agobiaba, para liberar tu conciencia del estropicio, que a sabiendas, estabas causando. Fui tan dúctil para ti que no te costó trabajo humillarme, utilizarme, servirte de mí, para después tirarme cual colilla, que no recoge ni un mendigo, ya que es inútil guardarla, no se puede volver a reutilizar.
A la derecha puse todo lo bueno, aquello que me elevaba del suelo, me hacía reír, me inyectaba vigor, me daba la fuerza suficiente para seguir pegada a la vida y a ti. Puse todas tus palabras afables, tu ternura, tus manos rozando mi piel, tus flores el día de mi santo, tus llamadas telefónicas, nuestras noches locas revolcándonos en un cubil de mimo. Más que nada esa parte de la romana fue rellenada al principio, cuando nos conocimos, cuando me sentías, me reconocías parte tuya, como si de una de tus extremidades formase parte.
Pero de pronto, la parte derecha dejó de llenarse, la izquierda se lo fue llevando todo y hoy creo que ya no cabe nada más allí, la báscula está a punto de romperse, de desbordarse, de desmoronarse por el suelo, y nuestras cosas amanecerán, cualquier día de estos, esparcidas por mitad de la calle, para que el que pase las haga suyas o para que otros de una patada las desperdiguen por el mundo, como hacen los gatos con el contenido de las bolsas de basura.
Te di tantas oportunidades. Tú dirás lo mismo, pero reconoce que yo salí perdiendo.
Te he entregado mi vida por completo, ya sé que no me lo pediste, pero para mí el amor funciona de esa manera. ¿Crees que me interesa conservar, conformarme con las migajas de tu amor? No, lo he dicho mal, nunca me prometiste amor. ¿Querencia? ¿Esa era tu palabra? Perdón por mi osadía, atreverme a poner en tus labios palabras que nunca pronunciaste.

En muchas ocasiones me suplicaste tiempo. ¿Qué es tiempo para ti? ¿Cuánto quieres? ¿Cómo lo mides? ¿Necesitas tres, seis meses? ¿Es acaso nuestro pernoctar en la vida como la caducidad de un expediente administrativo? Yo no puedo medir el tiempo que te ofrezco, no tengo tanto tiempo para desperdiciarlo así, además por qué despilfarrarlo como lo hacemos, creo que a ninguno de los dos nos sobra, es más, cada vez nos queda menos y no pretendo malbaratar lo que me resta de vida soltándola a cuenta gotas.
Pienso que después de este fin trágico y absurdo, reharemos nuestras soledades. A ti, quizás, te cueste menos trabajo, eres más sociable. Yo por el contrario me he vuelto más intransigente, sé que después de ti pondré más trabas a mis futuros candidatos, has puesto el listón muy alto, me has hecho sudar sangre y eso no se olvida fácilmente.
Ya no quiero naufragar más en tu vida, no quiero ir más a la deriva, porque contigo siempre he navegado en contracorriente, esta vez buscaré un tronco al que asirme, aunque sea al de tu recuerdo. Sí, arriaré mi vela, la que me lleva sin quererlo a tu puerto, para que la marea me conduzca hacia otras tierras donde anclar mi vida o mejor desembarcaré de este bajel que no me conduce en realidad a ningún lado (no te enfades, sería ilógico, sabes perfectamente que no miento) no sin antes ajustarme el chaleco salvavidas para que me proteja de tu tempestad o me amortigüe el golpe que pueda llegar a sufrir por tu indiferencia (espero no producirte impasibilidad, que mi marcha no te ocasione desinterés, apatía, indolencia, dejadez, por favor, que te duela un poquito, porque a mí me está desgarrando).
Sabes bien que tocamos fondo y nuestro amor encalló, se estancó, y nos fue aislando, sin remedio, a uno del otro. Si por el contrario, persistes en no dejarme bajar, esperaré a que el viento me traiga la ola perfecta que me libere de este anclaje y me transporte a otro muelle en el que poder comenzar de cero. Estoy presta a sacrificar la poca cordura que me queda, para morir, si es preciso, loca por el amor que no conseguí. Estoy dispuesta a extenuar mis fuerzas hasta que desfallezca y pierda el sentido. A controlar mi mente cuando me lleve a ti, para dejarte en una isla desierta, a la que no pueda nadar con facilidad porque el oleaje de mi consciente me separará de ti y donde pueda envasarte, al fin, en el vacío de mi olvido.
A partir de ahora, sólo serás un punto negro en mi pasado, algo que no recordaré con frecuencia, porque el día que estás con poca vida no te apetece nada y mucho menos recordar el ayer.

(Me pregunto si te estaré ofreciendo gratuitamente la salvación que tanto perseguías, sin hallar la manera más rápida de hacerlo y tonta de mí, sin previo aviso, te doy la solución para que no te molestes en intentarlo siquiera).
Deja que mis cicatrices se cierren de una vez por todas, no vuelvas para abrirlas, como haces siempre a la mínima de cambio, sobre todo cuando careces del empeño suficiente para volver a vendar la herida, a curar el mal, a sanar la ablación que has cometido. Sí, me extirpaste el órgano que más falta me hacía, mi corazón voló en busca de tu nido, tú lo derribaste como águila que acecha a su presa y la atrapa entre sus garras, para después soltarla desde la cima del mundo, para que caiga sin piedad, sin aviso y se estrelle entre las rocas, para posiblemente perecer en un acantilado sombrío, donde nadie la asile y llore su dolor.
Te pido encarecidamente que no reaparezcas más en mi vida porque ya te siento perdido. Anoche mismo cubrí mi cama con otra manta, para protegerme del frío, para que me sirviera de abrigo, para no notar tu ausencia… La manta no sustituirá tus besos, tus abrazos pero a fin de cuentas, últimamente, tampoco eran tantos o ya no los recuerdo.
No quiero que vuelvas más a asomarte por mi vida, te advierto que las ventanas de mi corazón permanecerán cerradas para ti. Sólo espero que un rayo de luz las atraviese algún día, sé que tal radiación no provendrá de ti porque en tu vida solo hay tinieblas, el color se evaporó como un charco de agua que el sol se lleva de nuevo hacia las nubes.
Querida Nieves:
ResponderEliminarMe llamo Ana.
Me han propuesto para el premio Blogueras con buen rollo. He pensado proponerte a ti también. Si te apetece puedes pasarte por mi blog "El crujir de la escarcha" y recoger el premio.
Un beso
http://elcrujirdelaescarcha.blogspot.com.es/p/blog-page_28.html